¿Qué se investiga en el IIGHI? · N.º 4
¿Qué puede decirnos el silencio? Un estudio etnográfico entre los wichí del impenetrable chaqueño
¿El silencio es solamente ausencia de palabras? En el N.º 4 de “¿Qué se investiga en el IIGHI?”, el Dr. Raúl Eduardo González propone repensarlo a partir de su trabajo etnográfico con comunidades wichí de Nueva Pompeya y analizarlo como una práctica vinculada con la alteridad, las relaciones de poder y la resistencia.
¿El silencio es solamente ausencia de palabras? En el N.º 4 de “¿Qué se investiga en el IIGHI?”, el Dr. Raúl Eduardo González propone repensarlo a partir de su trabajo etnográfico con comunidades wichí de Nueva Pompeya. Su investigación invita a mirar el silencio no como una simple falta de comunicación, sino como una práctica que puede establecer fronteras, proteger conocimientos y expresar formas de resistencia.
¿Qué significa cuando alguien calla?
Durante mis incursiones etnográficas en Nueva Pompeya escuché frecuentemente a personas criollas o no indígenas decir que los wichí eran “muy cerrados”. La expresión aparecía una y otra vez, casi como una evidencia que no necesitaba ser explicada: una manera aparentemente sencilla de describir cierta reserva o distancia respecto de quienes llegábamos desde afuera o no formábamos parte de su mundo sociocultural.
Sin embargo, con el tiempo esa expresión comenzó a resultarme cada vez más problemática. ¿Cerrados respecto de qué o de quiénes? ¿Quién define las aperturas o los cierres? ¿Qué formas de comunicación damos por supuestas cuando esperamos que alguien hable, explique o responda de determinada manera? ¿Qué dice ese silencio sobre nuestros propios presupuestos? ¿Qué nos dice ese silencio sobre el poder, la desigualdad, las asimetrías?
Diversos trabajos etnográficos previos describen y dan cuenta de las formas wichí de relacionarse con el mundo blanco o criollo por medio de la reserva o incluso el ocultamiento, pero hasta el momento no se problematizó el silencio como un tema en sí mismo y, por eso, emprendí el abordaje de este tópico que, si bien no posee una originalidad absoluta, sí plantea un tratamiento novedoso en la intersección de diversos campos de conocimiento puestos en diálogo como la sociolingüística, la antropología y la filosofía.
El trabajo de campo fue desplazando progresivamente mis primeros interrogantes. Aquello que inicialmente podía aparecer como ausencia —de palabras, explicaciones o respuestas— comenzó a revelarse como una forma particular de relacionamiento. En determinadas situaciones, callar podía ser una manera de establecer una distancia, proteger algo, evitar una exposición o decidir hasta dónde podía avanzar un encuentro.
¿Qué se investiga en el IIGHI sobre este tema?
En el IIGHI, estas investigaciones se desarrollan dentro de la línea “Estudios lingüísticos, socio-culturales y etnohistóricos sobre pueblos del Gran Chaco Sudamericano”, un espacio interdisciplinario que articula perspectivas de la lingüística, la etnohistoria y la antropología para estudiar los pueblos y lenguas indígenas de la región. Entre sus temas de estudio se encuentran las formas de alteridad y la antropología lingüística. Raúl Eduardo González integra esta línea junto con otros investigadores, becarios y colaboradores.
Dentro de este marco, mi investigación busca comprender el silencio como una práctica de alterización, como frontera que deja a ese otro/a extraño a mi mundo social fuera del campo de significación; como negación misma a entrar en los regímenes de sentidos que el otro propone.
Este trabajo se vincula actualmente con el proyecto “Configuraciones de alteridad: indígenas y su representación en diferentes dispositivos etnográficos y políticas públicas indigenistas en el Gran Chaco argentino”, que dirijo para el período 2026–02029 en el ámbito de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste.
El silencio es algo más que un vacío
A medida que profundizaba en el tema, se hizo necesario reconsiderar qué entendemos por silencio. Buena parte de los abordajes provenientes de la sociolingüística y la antropología lingüística lo han pensado como el reverso del habla o como una forma diferente de comunicación.
Pero ¿qué ocurre si el silencio no es simplemente aquello que queda cuando la comunicación fracasa?
Mi propuesta es que, entre los wichí de Nueva Pompeya y en determinadas situaciones, el silencio puede funcionar como un recurso político que establece fronteras frente a un otro considerado diferente, particularmente en relaciones atravesadas por desigualdades de poder.
No se trata de afirmar que esa sea su única función. Me interesa especialmente esa dimensión por su relevancia política. Habitualmente pensamos la resistencia asociada a la posibilidad de hablar, reclamar o “alzar la voz”. Sin embargo, mi trabajo de campo me llevó a observar que el silencio también puede ser practicado como una forma de resistencia.

La lengua reclama, el silencio protege
El silencio puede establecer fronteras. Puede señalar quién es un extraño y quién no; marcar hasta dónde puede ingresar alguien en determinado vínculo; o preservar conocimientos, experiencias y relaciones que no necesariamente están disponibles para cualquiera.
También puede constituir una forma de resistencia frente a la demanda de hacerse inteligible para otros, especialmente cuando esa solicitud proviene de instituciones, investigadores o agentes externos que esperan respuestas, explicaciones y disponibilidad e intentan traducir el mundo wichí a los lenguajes de la academia, casi siempre en relación con epistemologías coloniales.
Es allí donde comenzó a cobrar sentido pensar el silencio como una práctica política y, al mismo tiempo, ontológica. Política, porque participa en la distribución de accesos, distancias, conocimientos y posiciones dentro de una relación asimétrica. Ontológica, porque interviene también en la manera en que determinadas personas, relaciones y mundos sociales se hacen presentes —o permanecen fuera de nuestra posibilidad de acceso—.
El territorio también importa
La investigación se desarrolla en Nueva Pompeya, en el Impenetrable chaqueño, y las características del territorio y las formas de habitarlo forman parte del problema.
En un territorio extenso de 20 mil hectáreas de posesión comunitaria donde viven los wichís, la alteridad, el encuentro con el otro, es más bien algo que se presiente, que aparece como un espectro, pero que pocas veces se materializa en corporalidad tangible. Incluso en los parajes, donde las viviendas se agrupan de manera más o menos irregular, las distancias físicas denotan bajas probabilidades de encuentros
“cara a cara”. Este escenario configura una epistemología que difícilmente pueda ser pensada en los mismos términos que otras donde los contactos son más frecuentes.
Sin embargo, advertimos permanentemente que este rasgo del territorio no implica concebir al monte como naturalmente “silencioso” dado que desde la cosmovisión indígena el monte es un espacio habitado por diversos seres poderosos que se comunican por medio del lenguaje y otras manifestaciones sonoras. Con esta advertencia, evitamos romantizar el monte desde una posición subjetiva externa que idealice un espacio opuesto al urbano como la utopía de lo apacible.

De las lenguas indígenas a la antropología del silencio
El Dr. Raúl Eduardo González, Investigador Adjunto del CONICET, es Licenciado en Letras, Doctor en Letras, Magíster en Antropología Social y Diplomado Superior en Antropología Social y Política.
Sus primeras investigaciones se desarrollaron en el campo de la lingüística descriptiva y las lenguas indígenas. Durante más de diez años realizó trabajo de campo con comunidades qom de Chaco y Formosa, experiencia vinculada con su formación doctoral en Letras en la Universidad Nacional del Nordeste.
Con el tiempo, su trayectoria fue incorporando perspectivas de la antropología social y nuevas preguntas surgidas del propio trabajo territorial. Desde 2019 realiza trabajo etnográfico entre los wichí de Nueva Pompeya, experiencia desde la cual comenzó a construir el silencio como objeto específico de indagación.
Este recorrido entre disciplinas resulta central para su investigación actual y coincide con el carácter interdisciplinario de la línea del IIGHI que integra, donde confluyen estudios lingüísticos, antropológicos y etnohistóricos sobre los pueblos del Gran Chaco Sudamericano.
¿Por qué importa?
Estudiar el silencio entre los wichí supone también interrogar las categorías que resonaban desde nuestras primeras aproximaciones al campo. Así, desde un enfoque crítico de la mirada dominante hacia los wichís, la expresión —“son muy cerrados”— comenzó a denotar más que una calificación descriptiva una que evidenciaba la posición subjetiva de quien la profería. Presuponía que existe una forma correcta de abrirse, comunicarse, establecer confianza y hacerse disponible al vínculo. Pero cuando esa forma no aparece, la diferencia puede ser convertida rápidamente en déficit o carencia de parte del otro, sin revisar los presupuestos propios de ese reclamo de presencia verbal.
Por eso, el interrogante central no es solamente comprender por qué los otros callan, sino reconocer cuánto de aquello que llamamos “silencio” depende de nuestra propia posición como observadores. Es decir, de donde emanan nuestras motivaciones para rellenar de habla, de presencia, allí donde percibimos ausencia.
A lo largo de estos años de trabajo fui comprendiendo que, para los wichís, el silencio no es ausencia: es apertura, posibilidad, es lo que envuelve el discurso y permite habitar el vínculo, además de una práctica de alterización. El silencio es frontera pero, una vez traspasada, funciona también como espacio habitable. Por eso, el silencio entre los wichís es un hecho político de resistencia ante el llamado de un “otro” a ser comprensible bajos sus parámetros. Pero, al mismo tiempo, es también una invitación a habitar el espacio y el encuentro intersubjetivo de otra manera, desde una presencia callada que no es vista como carencia sino como una forma diferente de estar en el mundo.
Más información
Investigador
Dr. Raúl Eduardo González
Cargo
Investigador Adjunto del CONICET
Formación
Licenciado en Letras · Doctor en Letras · Magíster en Antropología Social · Diplomado Superior en Antropología Social y Política
Línea de investigación
Estudios lingüísticos, socio-culturales y etnohistóricos sobre pueblos del Gran Chaco Sudamericano. La línea articula lingüística, etnohistoria y antropología y tiene entre sus temas de estudio las formas de alteridad y la antropología lingüística.
Proyecto actual
Configuraciones de alteridad: indígenas y su representación en diferentes dispositivos etnográficos y políticas públicas indigenistas en el Gran Chaco argentino. Director: Dr. Raúl Eduardo González · 2026–2029 · Secretaría General de Ciencia y Técnica, UNNE.
Publicación relacionada
González, Raúl Eduardo (2025). La interculturalidad como utopía comunitaria: la misión marista en Nueva Pompeya (Chaco) a través del lente etnográfico. Resistencia: ConTexto.
El interrogante central no es solamente comprender por qué los otros callan, sino reconocer cuánto de aquello que llamamos ‘silencio’ depende de nuestra propia posición como observadores.
Por Dr. Raúl Eduardo González · Investigador Adjunto del CONICET · Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI-CONICET/UNNE) · Serie “¿Qué se investiga en el IIGHI?”